El running, un espejo para otros deportes

Opinión: Un ejemplo para aprender

Jaume Ferrer11/03/2024
En esta vida es muy importante aprender de los aciertos… y de los errores. Analizar las cosas con cierta perspectiva y ver en qué podemos mejorar o en qué es importante que busquemos un cambio.
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El running es uno de los segmentos que más ha crecido en los últimos 20 o 30 años. Y seguramente es uno de los que más ha ido cambiando a lo largo de estas décadas. Su trayectoria en estos años está llena de altibajos, con saltos cualitativos y cuantitativos muy importantes, pero, también, con frenazos bruscos que han hecho tambalear el segmento. El sector nunca ha sabido digerir muy bien los éxitos, y el running ha sido un perfecto ejemplo de ello muchas veces, explotando en exceso sus éxitos y aprendiendo poco o nada de sus fracasos. Por eso es un segmento en el que deben fijarse otros muchos segmentos. Para lo bueno y para lo malo.

El running camina, con ciertos tropiezos, hacia la madurez. Pero no una madurez mal entendida, como si se fuera hacia un techo desde el que será imposible crecer, sino una madurez que implique identidad, regularidad, estabilidad, un mejor dimensionamiento del mercado, una gestión mucho más eficaz y coherente de los saltos cuantitativos y, sobre todo, unas reglas del juego mejor definidas y donde quienes juegan lo hagan con honestidad y, sin renunciar a lo individual, pensando también en el segmento. Y, sobre todo, donde la obsesión por la fragmentación del segmento -técnico, versátil, retro, clásico, trail, tri…- no acabe acarreando un sinfín de daños colaterales.

Un buen ejemplo de madurez relativamente bien gestionada lo tenemos en el fútbol: un volumen de ventas muy importante, una red comercial más o menos sólida y con la lucha entre canales muy bien definida, una industria fuerte y con una gran capacidad de innovar -sea cual sea su cuota- y una evolución bastante regular que, sobre todo, no está condicionada por el entorno. Algo de lo que muy pocos segmentos pueden presumir.

Entre esos segmentos que harían bien en mirarse en el espejo del running el que más podría aprender sería, seguramente, el pádel. Con un margen de crecimiento que probablemente sea mucho mayor -por lo que puede conseguir a nivel internacional- la relativamente corta evolución de este deporte no es muy diferente a la que en su día tuvo el running, con un arranque lento, pero con un despegue espectacular en tiempo récord. En practicantes, en ventas… y en oferta. De marcas, de productos y, como no, de tiendas especialistas. Y como el running, con una causa, en la base, bastante identificable: una crisis. El presente de ambos, al menos a nivel nacional, no es muy diferente. Como tampoco lo es el de otros segmentos como el bike, por ejemplo. La práctica sigue muy dinámica, pero las ventas han caído. La gente hace deporte, pero gasta menos en ello. Tiene otras prioridades. Y encima esta realidad se ha dado en un momento en el que casi todos los segmentos están marcados por sus excesos en la producción y en las programaciones. Y por la consecuente guerra de precios que eso provoca.

Deportes como el pádel o como el bike tienen que ver en esa evolución del running un ejemplo del que aprender. Y marcarse objetivos que, sin dejar de ser ambiciosos, contemplen como prioridad alcanzar esa madurez de gestión de la que hablábamos antes. A su favor, y a diferencia del running, tienen el haberse puesto de acuerdo en buscar objetivos comunes y hacerlo, además, bajo el amparo de asociaciones que ya tienen un destacable poder de liderazgo, pero el camino hacia la construcción de un mercado más y mejor definido (y “limpio”) todavía es muy largo. Como el running, tienen la gran suerte de que la pieza más importante del engranaje, los practicantes, sigue creciendo, pero también lo hace la oferta, y eso hace más necesario que nunca tener muy claro de dónde venimos, donde estamos y, sobre todo, hasta donde podemos -y debemos- llegar. Y ese mapa solo podremos ir descifrándolo si somos capaces de ordenar las cosas… Porque el potencial es infinito, sí, pero eso no significa que las cosas vayan a ser fáciles.

El camino hacia el éxito nunca está exento de fracasos…

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